
El clima de alta tensión y violencia que los bolivianos enfrentamos es nuestra decisión de dar fin a un lago período político y de gobierno de veinte años en el que el otrora Movimiento Al Socialismo (MAS) al mando Evo Morales y Álvaro García Linera vilipendió la democracia, que corrompió el Estado de Derecho y las elementales libertades ciudadanas frustrando las aspiraciones de progreso de todo un país.
Esta dolorosa transición que, a la fecha, ya cobró cuatro vidas es el precio que estamos pagando para erradicar de raíz la mayor impostura política que arenga inclusión, igualdad y progreso cuando en los hechos es todo lo contrario, las pruebas están en las calles, en cada hogar que hoy no tienen que comer y miles de bolivianos que buscan cómo sobrevivir a este descalabro social y adesinstitucionalización del Estado.
El proyecto país de una Bolivia inclusiva que surgió con la Ley de Participación Popular (Ley 1551 promulgada en abril de 1994) fue una reforma histórica que planteó un modelo de descentralización real del Estado, reconociendo a las comunidades indígenas y campesinas confiriendo a los municipios y gobernaciones presupuesto financiero y administrativo para resolver las carencias y la pobreza de cada región y municipio desde su realidad inmediata, esa proyección plagió el “masismo” en su esencia para crear el monstruo de odio y desidia que estamos viviendo en estos 26 días de bloqueo por un grupo de delincuentes desalmados.
El pueblo es sabio, comprende con total claridad que son los últimos aleteos de un sistema político desfasado de todo sentido de justicia, equidad y libertad de decisión sobre su futuro. Oriente y occidente buscan el mismo destino de progreso y libertad para salir de la esclavitud de la pobreza, aspiraciones que el caudillo populista no tolera porque su torre de barro, o cualquier otra sustancia, se desmorona.
Es un parto doloroso que lo estamos sufriendo desde hace seis meses sabiendo que al final de esta compleja transición los bolivianos habremos sepultado al dañino y perjudicial caudillismo, habremos dejado atrás los nubarrones de la temida balcanización que arteramente buscan atribuirle al oriente.
La resistencia del pueblo sencillo y trabajador estará siempre por encima de la codicia, de las trampas de quienes tratan de esconder lo que el país y el mundo ya conocen, Evo Morales y sus secuaces perdieron su ultima batalla, perdieron la guerra que ellos crearon.
La mafia del Socialismo del Siglo XXI disfrazado de discurso populista ya no tiene cabida en Bolivia. Es el fin de un escabroso ciclo político.









