Bolivia y México: una alianza estratégica pendiente en la nueva geopolítica de la producción

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“El nearshoring está redibujando la economía global, donde Bolivia y México tienen una gran oportunidad de generar una alianza estratégica para abrir una nueva era de integración productiva regional”.

En un mundo que se reorganiza a gran velocidad, los países que no redefinan sus alianzas económicas corren el riesgo de quedar atrapados en esquemas del pasado. Hoy, la relocalización de cadenas productivas, impulsada por el nearshoring, está redibujando el mapa de la inversión global y en ese nuevo tablero, la relación entre Bolivia y México aparece como una oportunidad evidente, pero aun subvaluada.

México ha logrado posicionarse como uno de los principales destinos de inversión industrial en el hemisferio, apalancado en su cercanía con América del Norte y su importante capacidad manufacturera desarrollada. Bolivia, por su parte, posee lo que el nuevo ciclo económico global demanda con urgencia, como es el caso de los recursos estratégicos, disponibilidad energética, ubicación geográfica privilegiada y un potencial logístico aún no plenamente desarrollado.

Ahora la pregunta que surge, ya no es si ambos países pueden cooperar es, ¿por qué todavía no lo hacen con una visión estratégica?

La relación económica entre Bolivia y México ha estado marcada históricamente por la inercia. El comercio bilateral, aunque estable, es reducido y estructuralmente desequilibrado; mientras México exporta valor agregado, Bolivia principalmente exporta commodities (materias primas); lo cual, constituye para Bolivia un patrón no solo limitado, es insuficiente frente a los desafíos de desarrollo que enfrenta el país. Por lo que, persistir en esta lógica implica resignarse a un rol periférico en la economía global. 

Bolivia debe dejar de pensar su inserción internacional únicamente en términos de exportación de materias primas y comenzar a construir esquemas de integración productiva inteligente; y en ese proceso, México puede ser un socio clave.

El nearshoring no es una tendencia pasajera; es una transformación estructural, puesto que, las empresas buscan reducir riesgos, acortar distancias y diversificar sus cadenas de suministro; y en ese contexto, México se ha convertido en un eje central de esta dinámica. Pero ninguna cadena productiva moderna es autosuficiente y es ahí, donde Bolivia debe posicionarse, no como competidor de México, más bien como un complemento estratégico. Mientras México articula su producción hacia el norte, Bolivia puede proyectarse hacia el sur. En particular, hacia Brasil, el mayor mercado de América Latina.

La ubicación de Bolivia no es una desventaja; es una oportunidad geopolítica. Situada en el corazón de Sudamérica, Bolivia puede convertirse en un punto de articulación entre distintos espacios económicos. 

Imaginemos un esquema concreto, donde capital e industria mexicana buscan expandirse y deciden instalar sus procesos productivos en territorio boliviano, generando un aprovechamiento de recursos naturales locales en miras de la exportación hacia Brasil y otros mercados sudamericanos. Este modelo no solo diversificaría la inversión, también cambiaría la lógica del desarrollo.

“Bolivia dejaría de ser únicamente proveedor de insumos para convertirse en un eslabón activo de cadenas regionales de valor”.

Para ello, es muy importante la dirección que le está dando el actual Gobierno boliviano bajo el liderazgo del PresidenteRodrigo Paz Pereira, donde la recuperación de la confianza a nivel internacional y la construcción de un clima más adecuado para atraer las inversiones a Bolivia, son factores clave para el desarrollo de políticas como la plateada acá. 

Esa construcción de un clima de inversión adecuado pasar por el diseño e implementación de políticas públicas relacionadas a generar seguridad jurídica real y sostenida, reglas estables y previsibles, instrumentos modernos de promoción de inversiones, mecanismos efectivos de asociación público-privada y una diplomacia económica activa y orientada a resultados.

En un escenario global donde los bloques económicos se consolidan y la competencia se intensifica, los países que actúan de manera aislada pierden relevancia. Los que construyen alianzas inteligentes, en cambio, amplían su margen de maniobra y Bolivia tiene la posibilidad de dar ese importante y decidido salto cualitativo.

Bolivia y México no necesitan descubrir oportunidades; necesitan ejecutarlas con decisión. El nearshoring ha abierto una ventana excepcional, con condiciones que difícilmente se repetirán en el corto plazo, capital en búsqueda de destinos confiables, empresas reconfigurando sus cadenas de suministro y mercados regionales demandando mayor integración productiva.

La integración productiva planteada podría constituirse en un impulsor del fortalecimiento de la institucionalidad y una diplomacia económica – comercial activa, porque en el nuevo orden económico internacional, los países que logren integrarse inteligentemente en cadenas regionales de valor serán los que alcancen mayores niveles de competitividad, soberanía económica y desarrollo sostenible.

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