Unión Europea y Naciones Unidas, obligadas a defenderse
La Unión Europea debería defender con todas sus fuerzas el papel de Naciones Unidas y no echarse atrás, como viene sucediendo, cuando la ONU es sometida a todo tipo de ataques por parte de la Administración de Trump. Frente a ese despliegue de un vocabulario agresivo es importante que los demás grupos comprendan la necesidad de huir del pesimismo y defiendan realidades políticas internacionales donde persiste la cooperación, el multilateralismo y la defensa del derecho internacional. El Gobierno español, con todos los problemas a los que hace frente, ha sabido mantener clara su disposición a participar en los proyectos internacionales en defensa del derecho internacional. De hecho, la comunidad internacional dispone de ejemplos en los que se va dando marcha atrás a la visión ultranacionalista. El Brexit es un caso claro. El Gobierno laborista de Keir Starmer se ha acercado a la Comisión Europea y forma parte del grupo que, con Francia, Alemania e Italia, pretende mediar en la guerra de Ucrania a favor del presidente Volodímir Zelenski. Por encima de todo, la Unión Europea y sus órganos de gobierno (Comisión y Parlamento) deben dejar claro que exigen el cumplimiento de sus normas y regulaciones internas, especialmente en todo lo relacionado con los gigantes tecnológicos estadounidenses, que pretenden actuar en el mercado europeo sin adaptarse a la Ley y al Reglamento de Servicios Digitales. La defensa de la ONU incluye seguir aportando los fondos necesarios para hacer frente a los programas de solidaridad y defensa de los derechos humanos. Es verdad que el daño que ha producido la retirada de los fondos de Estados Unidos es enorme, pero aún lo será más si Francia, el Reino Unido o Alemania reducen también notablemente sus aportaciones a los fondos de Naciones Unidas destinados a ayuda humanitaria. Han emergido otras prioridades, como la seguridad y defensa, que llevan a cambiar el papel que la cooperación al desarrollo y, especialmente, la ayuda humanitaria han venido jugando en el escenario internacional. La Unión Europea no puede aceptar esa nueva posición, porque de su defensa del orden mundial liderado por Naciones Unidas dependerá su propio futuro y la existencia de las democracias liberales.[1]









