David Adler, coordinador de la Internacional Progresista, califica la Doctrina Monroe como lógica de división y conquista
David Adler, coordinador general de la Internacional Progresista, participó en la cumbre hemisférica Nuestra América realizada los días 24 y 25 de enero de 2026 en el Palacio de San Carlos de Bogotá, Colombia. El encuentro, convocado con urgencia por la Internacional Progresista, reunió a líderes políticos, diplomáticos, parlamentarios, sindicalistas y representantes de movimientos sociales de más de 20 países para articular una respuesta coordinada frente al avance de lo que denominan una nueva Doctrina Monroe impulsada por Donald Trump[1][2][3][4].
Adler señaló que se ha observado la formulación y ejecución de esta doctrina, pero no una respuesta colectiva de la región. Han predominado respuestas bilaterales, con cada país negociando individualmente con Estados Unidos[3][4]. Desde una perspectiva latinoamericana, Adler consideró que el actual escenario confirma la vigencia de la Doctrina Monroe bajo nuevas formas[1].
La canciller colombiana Rosa Villavicencio enmarcó estas acciones en una dinámica histórica de agresiones que incluye medidas unilaterales sobre la soberanía, presión sobre sistemas judiciales y ambición sobre recursos naturales de América Latina, tanto en los últimos dos meses como en los últimos dos siglos[3][4]. Villavicencio expuso los cuatro pilares de la política exterior del gobierno de Gustavo Petro: paz, independencia, orientación popular y progresismo. Reiteró que un orden nuevo empieza cuando se rompe la costumbre del uso sistemático de la fuerza como herramienta de política internacional[3][4].
La declaración final de la cumbre condena el ataque de Estados Unidos a la soberanía venezolana, incluyendo el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, y denuncia el corolario de Trump a la Doctrina Monroe como una fase de beligerancia hemisférica. Sitúa estos hechos en el marco de una guerra híbrida de sanciones, bloqueos e injerencia en Venezuela y en todo el mundo[2]. La declaración compromete a mantener un proceso vivo de coordinación entre gobiernos, movimientos, fuerzas políticas, sindicatos y pueblos, profundizando el diálogo mediante reuniones, iniciativas compartidas y canales de cooperación permanentes para avanzar hacia una ciudadanía de las Américas con garantía de derechos[4].
Adicionalmente, se propone ampliar alianzas con movimientos de resistencia internacionales y fomentar el diálogo con pueblos del Norte Global para desafiar la complicidad con la agresión, oponerse a las ganancias derivadas de la coacción y la guerra, y promover el cumplimiento del derecho internacional y la coexistencia pacífica[2][4]. El boletín de la Internacional Progresista describe este proyecto como un esfuerzo por rehacer la política mundial bajo dominio unilateral, con gobernanza opaca y sugerencias de Trump para sustituir instituciones como las Naciones Unidas[2].









