La segunda guerra fría: EE UU se está convirtiendo en China

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La segunda guerra fría: EE UU se está convirtiendo en China

La confrontación entre las dos superpotencias llegará a ser el conflicto principal de los próximos años. Capitalismo de Estado con intervención pública en el mundo empresarial, proteccionismo mediante aranceles, amenazas constantes a la libertad de expresión, imperialismo en busca de nuevas materias primas con las que consolidar su hegemonía, una especie de ejército personal del presidente en las calles de las ciudades buscando inmigrantes. La percepción de China es cada vez mejor. Es como si EE UU se estuviera convirtiendo en China, y viceversa. Es el país asiático quien más se beneficia de la agresiva política exterior de Trump, según un sondeo sobre más de 25.000 personas elaborado antes del bombardeo de Venezuela y secuestro de Maduro, y las amenazas a Cuba, Irán y sobre todo a Groenlandia. Mientras tanto, los aliados tradicionales de los americanos, sobre todo los europeos, toman distancia respecto a los primeros porque ya no los consideran un aliado fiel. Esta transfusión de valores e intereses comienza a ser considerada como una peligrosa segunda guerra fría. Un analista tan fino como el americano Michael Lind, profesor en Harvard, define esta segunda guerra fría como un conflicto entre las alianzas occidentales, cuarteadas por sus conflictos internos, y asiáticas, encabezadas por EE UU y un bloque chino-ruso, y al mismo tiempo es también una guerra civil incruenta sobre la identidad, la economía y la política exterior en el seno de Occidente euronorteamericano. Es discutible la definición de si Putin está más cerca de Xi o de Trump. Mientras China se compromete a convertirse en una potencia militar mundial equivalente a EE UU, para lo cual está dispuesta incluso a pagar el precio de una desvinculación económica del mercado norteamericano, el sueño de la hegemonía mundial estadounidense se derrumba, primero con la caótica retirada de Afganistán y luego con la guerra de Ucrania, que está poniendo de manifiesto que fuera de Europa casi ningún país, ni siquiera las principales democracias como India o Brasil, está dispuesto a unirse a EE UU y a la UE en sus sanciones a Rusia. Todavía es pronto para saber qué saldrá de la descomposición de esta época, ni si los acontecimientos conflictivos que tenemos encima se explican cada uno por sí mismo o forman parte de una estrategia global con la que Trump pretende despejar el terreno de accidentes menores para enfrentarse directamente con una China a la que EE UU se parece cada vez más.[1]

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