La respuesta de Europa ante el retorno de las lógicas imperiales
Tras el retorno de las lógicas imperiales, la Unión Europea encara el que posiblemente sea el mayor desafío existencial de su historia. Sin una reacción adecuada, enfrentamos la posibilidad real de su desintegración en los próximos años. Las capitales decisivas, Berlin, París, Madrid, Varsovia, han de reaccionar. Es urgente un punto de inflexión.
Según un documento de la ESN, el principal eje definidor de la política exterior estadounidense ha pasado a ser el dominio geopolítico pleno sobre la masa continental americana, incluyendo México, Canadá y, de forma especialmente importante, la isla danesa. En un mundo que se encamina hacia lógicas de poder duro y zonas de influencia, Washington ha comenzado aplicando la doctrina imperial de la ESN sobre el eslabón continental más débil, Venezuela, dada la falta de legitimidad del régimen. El control de las cuantiosas reservas de petróleo del país latinoamericano ha sido un muy poderoso aliciente, pero el dominio del continente ha sido y es la razón estratégica central.
Esta aparente contradicción se explica leyendo atentamente el análisis sobre Europa de la mencionada ESN. El mensaje descodificado dice así: el tiempo en que os considerábamos nuestros aliados ha quedado atrás. Además, nos oponemos firmemente al actual proyecto europeo, queremos un cambio de régimen. Un asalto en toda regla que se suma al ya emprendido por Moscú con la invasión de Ucrania. Una pinza geopolítica que se sirve de los partidos.
Ante este grave diagnóstico se impone una mirada realista. La visión de Europa articulada por la ESN de Estados Unidos surge de corrientes muy profundas de la historia. Europa debe responder. Nuestra propuesta se articula en torno a cuatro ideas fuerza.
Finalmente, Europa ha de reformular sus relaciones internacionales para sobrevivir y prosperar en un mundo posatlantista. En un contexto que se desplaza aceleradamente hacia lógicas de poder duro, Europa no puede nadar sola asediada por depredadores imperiales. China es hoy día un factor de estabilidad geopolítica y epicentro de la gran transformación del sistema energético.[1]









