El economista y analista Gonzalo Chávez observó con cautela el dato de inflación de enero de 2026, que según el Instituto Nacional de Estadística alcanzó el 1,31%, señalando que la cifra resulta llamativamente baja frente al fuerte incremento registrado en los precios de los combustibles durante el mismo periodo.
Chávez explicó que, mientras el diésel subió alrededor de 160% y la gasolina cerca del 86%, el índice de precios parece haber absorbido estos ajustes sin mayores sobresaltos, lo que abre interrogantes sobre la forma en que se está midiendo la inflación. A su criterio, esta aparente “calma estadística” no debería ser celebrada sin antes revisar con rigor la metodología utilizada para elaborar el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
El analista recordó que Bolivia arrastra antecedentes de manipulación o distorsión en las estadísticas oficiales, por lo que consideró prudente encarar una auditoría técnica e independiente al IPC. Según explicó, el problema no siempre está en el dato final, sino en el sistema que lo procesa: la selección de la canasta, la muestra, el levantamiento de precios y los mecanismos de validación.
Chávez advirtió que cuando los números oficiales no coinciden con la realidad que perciben los consumidores en los mercados, se genera desconfianza y se debilita la credibilidad de la información económica. En ese sentido, sostuvo que una revisión transparente permitiría entender mejor qué está ocurriendo con los precios y evitar que la estadística termine desconectada de la experiencia cotidiana de la población.
Finalmente, remarcó que medir correctamente la inflación no es un ejercicio técnico menor, ya que de ello dependen decisiones económicas clave y la confianza pública. Por ello, insistió en la necesidad de “limpiar los tanques” metodológicos para asegurar que los datos reflejen de manera fiel la dinámica real de la economía.
INFORME CYNTHIA DURÁN G.









