El coste de las tarjetas revolving sube de nuevo y se consolida como uno de los créditos más caros y peligrosos

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El coste de las tarjetas revolving sube de nuevo y se consolida como uno de los créditos más caros y peligrosos

Las tarjetas revolving, uno de los productos financieros más polémicos que comercializan los bancos en España, continúa subiendo su coste. En 2025, en un contexto en el que los tipos de interés se han estabilizado en el entorno del 2 por ciento, los precios de estas tarjetas se han encarecido de media hasta un 23,34 por ciento, lo que supone 0,10 puntos porcentuales más que en 2024 (23,24 por ciento), según revela la IX edición del Barómetro dedicado a las revolving que elabora la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin).[2] Así, el tipo de interés medio de las tarjetas revolving del 23,34 por ciento en 2025 sigue muy por encima del 18,34 por ciento que marcan de media las tarjetas de crédito convencionales en España y del 8,68 por ciento de las tarjetas en la zona euro.[2][1] Eso supone una prima de más de 5 por ciento frente al resto de tarjetas en España y del 14,66 por ciento respecto al entorno europeo, consolidando a las revolving como el producto más caro dentro del segmento de pago con tarjeta, precisa Asufin.[2] Otro aspecto que destaca el informe es que los datos de este año confirman la alta heterogeneidad del mercado revolving, con grandes disparidades de coste entre productos. La distancia entre la tarjeta más cara y la más barata alcanza 29,63 puntos porcentuales de TAE, con un impacto directo de 257,82 euros de diferencia en coste total por financiar 1.000 euros a 24 meses, asegura la asociación.[2][1] En comparación con los préstamos personales, el tipo medio de los préstamos a 1-5 años es del 6,63 por ciento en España y del 7,33 por ciento en la zona euro. Es decir, financiarse con una tarjeta revolving supone pagar 16,71 puntos más que con un préstamo personal en España y 16,01 puntos más que con la media europea de este tipo de créditos, destaca este colectivo, que hace hincapié en que en muchos casos las deudas de estas tarjetas superan los 3.000 o 6.000 euros, por lo que su uso se asimila más a un préstamo al consumo que a una tarjeta, y con ello se multiplica el riesgo de problemas asociados a su pago por sus intereses tan elevados.[2][1]

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