El año en que Estados Unidos cruzó múltiples rubicones autoritarios bajo el segundo mandato de Donald Trump
El 20 de enero de 2025, hace un año, Donald Trump asumió su segundo mandato en la Casa Blanca, iniciando 12 meses de vértigo autoritario caracterizados por el deterioro de una de las democracias más antiguas del mundo. Este periodo ha estado marcado por la hiperactividad de un presidente de 79 años, consciente de que la Constitución le impide presentarse en 2028 salvo que la modifique, lo que ha resultado en una lista extensa de decretos y decisiones ejecutivas que afectan todos los órdenes de la vida estadounidense y alteran los equilibrios globales de poder. Trump se ha rodeado de un equipo de fieles en su Gabinete, con la complicidad o apatía del Tribunal Supremo y del Partido Republicano en el Congreso, permitiendo avanzar su agenda autoritaria ante la impotencia o ineptitud demócrata.
Entre las medidas destacadas figuran decisiones de apariencia risible, como obligar a aumentar la presión de las duchas o proscribir las pajitas de papel, junto a iniciativas para bajar el precio de los medicamentos y mejorar la alimentación de los estadounidenses. Sin embargo, las de graves consecuencias han impactado a minorías, personas trans, el consenso científico, abogados disidentes, la cultura crítica con el poder, la narrativa histórica de Estados Unidos, y las libertades académica, de prensa y de expresión. Trump ha firmado 228 decretos y decisiones ejecutivas sin contar con el Congreso, tres más que en sus cuatro años anteriores, muchos de los cuales han enfrentado oposición judicial de jueces federales que han bloqueado despliegues de miles de agentes.
El Tribunal Supremo, con una mayoría conservadora de seis magistrados —tres nombrados por Trump en su primer mandato—, ha mostrado fidelidad al presidente, dándole la razón en 19 ocasiones con fallos tramitados de urgencia. El Congreso, especialmente el Partido Republicano tras una década de infiltración MAGA, se ha plegado a los deseos de la Casa Blanca, generando parálisis legislativa en la primera mitad del año. En política exterior, Trump ha resucitado la Doctrina Monroe —bautizada como Doctrina Donroe—, promoviendo intervenciones en América Latina por la fuerza, como posibles bombardeos selectivos contra el narco en México, o influenciando elecciones en países como Argentina y Honduras, donde amenazó con cortar la ayuda económica si no ganaban candidatos afines.
Acciones militares incluyen el bombardeo a Irán y la captura por la fuerza de Nicolás Maduro en Venezuela tras más de 100 ejecuciones extrajudiciales a supuestos narcotraficantes en el Caribe. Trump ha anunciado aranceles de hasta el 25% —del 10% a partir de febrero— a ocho países europeos por enviar tropas a Groenlandia como advertencia contra una posible invasión estadounidense de la isla, territorio de la OTAN. En Venezuela, ha preferido que el régimen represivo permanezca si obedece, anunciando que las nuevas autoridades entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos, con los ingresos bajo su control personal.
La resistencia a Trump proviene de protestas crecientes, jueces que bloquean su agenda y una popularidad que no remonta, aunque el sistema de contrapesos institucionales muestra rendición ante un Supremo cómplice y un Partido Republicano sometido. Trump sigue el programa oficioso de extrema derecha Project 2025 al pie de la letra, con impulsos anexionistas hacia Canadá y Groenlandia, y una visión del mundo regida por la ley de la fuerza entre él, Xi Jinping y Vladímir Putin. Las elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre de 2026 representan un momento clave: una Cámara de Representantes demócrata frenaría su agenda legislativa y habilitaría investigaciones al Ejecutivo, aunque Trump busca influir redibujando distritos, colocando negacionistas electorales y cuestionando el voto por correo. Un posible tercer impeachment sería riesgoso, ya que los dos anteriores fortalecieron su posición.[2][3][4][6]









