La paradoja de los grandes incendios: más recursos frente a una menor eficacia operativa
Los datos actuales sobre los incendios forestales en España revelan una tendencia contradictoria donde el aumento de las inversiones y de los medios técnicos no se traduce en una mayor eficiencia para contener el fuego. El incremento de la superficie calcinada en los últimos años ha puesto de manifiesto una pérdida progresiva de la capacidad de ataque inicial ante siniestros que son cada vez más extensos y complejos.
Esta situación se explica por la conjunción de varios factores técnicos y ambientales. En primer lugar, la acumulación de biomasa en los montes, resultado de un abandono prolongado del medio rural y de una gestión forestal insuficiente, proporciona una carga de combustible que favorece el desarrollo de incendios de gran magnitud. Estos siniestros superan rápidamente la capacidad de respuesta de los dispositivos de extinción, los cuales, a pesar de contar con aeronaves de gran capacidad y maquinaria avanzada, se ven desbordados por el comportamiento extremo del fuego.
La estrategia actual de lucha contra el fuego ha puesto un énfasis predominante en la capacidad de extinción aérea. Sin embargo, los expertos señalan que esta dependencia tecnológica presenta limitaciones operativas severas. Factores como las condiciones meteorológicas adversas, caracterizadas por episodios de temperaturas extremas y vientos cambiantes, impiden con frecuencia el despliegue efectivo de los medios aéreos, que resultan inoperantes en situaciones de visibilidad nula o rachas de viento que comprometen la seguridad de las tripulaciones.
El modelo de gestión vigente muestra fisuras al priorizar una respuesta reactiva frente a una política de prevención proactiva. La eficacia del ataque inicial, que es el momento crítico en el que un incendio puede ser contenido, se ve comprometida no solo por la orografía y el estado del terreno, sino por la dificultad de acceso a zonas forestales densas que carecen de infraestructuras adecuadas. La fragmentación de las competencias entre distintas administraciones también influye en la falta de una estrategia nacional coordinada que aborde la gestión de la masa forestal de manera integral.
La realidad económica y técnica indica que el incremento presupuestario en medios de extinción está alcanzando su techo de eficacia. Mientras el monte acumule biomasa sin una gestión activa que facilite su limpieza y aproveche los recursos forestales, el riesgo de incendios fuera de capacidad de extinción seguirá aumentando. El desafío actual reside en modificar el paradigma de la lucha contra el fuego, trasladando el peso de la inversión desde el despliegue de medios masivos hacia una gestión territorial que permita reducir la inflamabilidad del entorno mediante la limpieza y el mantenimiento de las infraestructuras preventivas.









