La máscara de la Diablada: tradición, simbolismo y transformación rumbo al Carnaval 2026

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📷. RRSS / Fabricio Cazorla

A días del Carnaval de Oruro 2026, uno de los símbolos más representativos de la festividad vuelve a cobrar protagonismo: la máscara de la Diablada, pieza esencial de una danza que representa la lucha entre el bien y el mal y que forma parte del patrimonio cultural boliviano.

Las máscaras, elaboradas por artesanos orureños, tienen sus raíces en la época colonial y reflejan la fusión entre creencias andinas y la tradición católica. En sus primeras versiones eran más sencillas y estaban vinculadas a rituales mineros, especialmente al culto al “Tío” de la mina, figura asociada al mundo subterráneo.

El historiador orureño Fabrizio Cazorla explica que, originalmente, cada máscara tenía un color que simbolizaba uno de los siete pecados capitales: el amarillo representaba la avaricia, el rojo la ira y el verde la gula, entre otros. Con el paso del tiempo, las caretas fueron transformándose, incorporando rasgos más expresivos, ojos prominentes, cuernos y detalles que intensificaron el dramatismo del personaje.

Posteriormente, se añadieron elementos inspirados en las llamadas “cuatro plagas”, víbora, lagarto, sapo y hormiga, que complejizaron el diseño tanto del traje como de la máscara. Los artesanos, generación tras generación, adaptaron técnicas y materiales sin perder la esencia simbólica de la Diablada.

Hoy, la máscara no solo es parte del vestuario, sino un emblema del Carnaval de Oruro. Miles de danzarines la portan cada año como expresión de fe, identidad y tradición, consolidando esta festividad como uno de los mayores referentes del folclore boliviano y patrimonio cultural reconocido a nivel internacional.

INFORME. CYNTHIA DURÁN G.

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