El comercio exterior como motor del desarrollo

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El autor es Licenciado en Economía por la UMSA, Ph.D. en Relaciones Internacionales por la Universidad del Salvador (Argentina), académico de número de la ABCE y presidente de la Federación de Empresarios Privados de La Paz (FEPLP).
 
 

En el país se registran avances importantes en las gestiones orientadas a consolidar la libre exportación, según un reporte de la Cámara de Exportadores (Camex). Mario Rojas, Gerente General de esta organización empresarial, señaló que este proceso avanza junto a la implementación de un plan de contingencia destinado a garantizar el abastecimiento del mercado interno.

Al cumplirse los primeros cien días de gestión del presidente del Estado, Rodrigo Paz, Rojas destacó que, tras las mesas de trabajo iniciadas recientemente con el sector productivo cruceño, el Gobierno busca asegurar la soberanía alimentaria y consolidar la libre exportación. “El proceso avanza conforme a lo previsto”, afirmó.

Cabe recordar que los actuales problemas del déficit comercial boliviano comenzaron a mediados de la pasada década, luego de varios años de superávit impulsados principalmente por las exportaciones de gas natural. En 2015, Bolivia registró un déficit comercial cercano a los 1.000 millones de dólares, equivalente a poco más del 3% del Producto Interno Bruto.

Durante los últimos años esta tendencia se ha mantenido. Si bien en 2022 el país logró cerrar con superávit comercial, en 2023 la balanza volvió a ser negativa, alcanzando un déficit cercano a los 600 millones de dólares. En 2024 la situación se agravó, elevándose el déficit a casi 900 millones, mientras que en 2025 se mantuvo el desequilibrio, aunque en menor magnitud, superando los 300 millones de dólares.

Como señala el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Bolivia posee un importante potencial exportador que durante años estuvo limitado por diversas restricciones. En esa línea, el presidente Paz anunció la apertura económica del país y la eliminación de trabas a las exportaciones.

Según Gary Rodríguez, gerente general del IBCE, el desafío central radica en fortalecer la producción interna para alcanzar mayores niveles de autosuficiencia y competitividad. Incrementar las exportaciones constituye una de las principales vías para dinamizar el crecimiento y generar divisas.

El analista económico Fernando Romero advertía que el comercio exterior boliviano muestra signos de deterioro. Datos de la Cepal proyectan para Bolivia uno de los niveles más bajos de crecimiento en exportaciones de bienes para 2025, con apenas un 2%. Generar condiciones adecuadas para los exportadores, equilibrar el mercado cambiario y garantizar carburantes resulta fundamental para revertir esta tendencia.

Durante casi dos décadas, los controles al comercio exterior y los cupos de exportación limitaron la inserción internacional del país, situación que hoy se refleja en el rezago del crecimiento comercial frente a otras economías de la región.

Diversos estudios coinciden en que la expansión del comercio exterior es clave para el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, al facilitar el acceso a bienes y servicios, generar empleo y promover cambios estructurales en la economía.

La persistencia del déficit comercial ejerce presión sobre las reservas internacionales y evidencia la necesidad de avanzar hacia una política de diversificación productiva que amplíe la oferta exportable del país.

Los empresarios lo entendemos, y hoy también el Gobierno: el déficit comercial de Bolivia no constituye únicamente un problema coyuntural, sino un desafío estructural que refleja debilidades del modelo económico nacional.

Enfrentar esta situación exige resolver causas profundas como la dependencia del gas natural para generar divisas, la limitada diversificación exportadora, la elevada demanda de importaciones, además de los efectos del cambio climático y conflictos sociales que afectan la producción.

En este escenario, resulta indispensable consolidar una agenda nacional de competitividad exportadora que incluya seguridad jurídica, estabilidad macroeconómica, acceso oportuno a divisas, mejora logística e incentivos a la inversión productiva, permitiendo a Bolivia integrarse de manera más eficiente a los mercados internacionales.

En síntesis, el impulso a la agroexportación, la apertura de nuevos mercados y la promoción del turismo representan pilares fundamentales para generar divisas y empleo sostenible. Klaus Frerking, presidente de la CAO, señaló que el sector agropecuario aspira a convertirse en el nuevo epicentro económico del país, con el potencial de generar hasta 12.000 millones de dólares anuales en exportaciones hacia 2033.

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