
Por Luis Fernando Romero Torrejón. Economista, investigador y docente universitario
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¿Qué pasó realmente y por qué se generó tanta confusión?
Cuando ocurrió el accidente del avión en El Alto, no se trataba de “dinero que ya estaba en la calle”, sino de billetes nuevos que el Banco Central de Bolivia (BCB) estaba trasladando para abastecer al sistema financiero, según la versión oficial.
En total, el avión llevaba 17,1 millones de billetes de cortes de 10, 20 y 50 bolivianos, con un valor de 423 millones de bolivianos. A simple vista, esa cifra puede parecer enorme, pero es importante ponerla en contexto.
En Bolivia circulan casi 100.000 millones de bolivianos en efectivo. Es decir, todo el dinero del avión representaba menos del 0,4% del efectivo del país, y lo robado apenas alrededor del 0,12%.
Según los últimos datos oficiales del BCB al 20 de febrero de 2026, la emisión monetaria fue de 103.036 millones de bolivianos y los billetes y monedas en poder del público alcanzaban 89.438 millones. Por lo tanto, lo robado o quemado son montos marginales respecto al total que mueve la economía.
Esto significa que, aunque el hecho fue grave, no tenía la capacidad de desestabilizar la economía ni provocar inflación.
El verdadero problema no fue económico, sino social y comunicacional. La gente vio billetes quemándose, escuchó que algunos eran “inválidos” y pensó que su dinero podía dejar de servir, sobre todo los de la serie B.
¿Por qué el BCB y la ASFI tomaron medidas tan drásticas al inicio?
Cuando ocurre un evento así, el Banco Central debe actuar con rapidez, incluso antes de tener toda la información completa. Su principal temor no era la inflación, sino que los billetes robados ingresen al sistema financiero y perjudiquen a personas honestas.
Por eso, de manera preventiva, el BCB y la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) suspendieron temporalmente por 48 horas el uso de los billetes de la serie B de 10, 20 y 50 bolivianos, restableciendo su validez el lunes 2 de marzo.
Desde el punto de vista técnico, fue como poner el dinero en pausa mientras se verificaba qué billetes eran legítimos y cuáles correspondían al lote sustraído.
El problema es que Bolivia es un país donde más del 70% de las transacciones se realizan en efectivo y cerca del 85% de la economía es informal. Para muchas personas, un billete que “no sirve” por unas horas significa no poder comprar alimentos, pagar transporte o vender en el mercado.
¿Qué hizo bien el Banco Central de Bolivia?
Primera acción positiva: frenar el problema a tiempo.
Al suspender temporalmente los billetes, el BCB evitó que el dinero robado se mezcle con el dinero legítimo y que termine afectando a comerciantes, ahorristas y entidades financieras.
En términos simples: mejor detener el sistema brevemente que permitir que el problema se amplifique.
Segunda acción positiva: identificar billetes uno por uno.
Luego del análisis técnico, el BCB identificó las numeraciones exactas de los billetes comprometidos. Esto implica que no toda la serie B es inválida, sino únicamente aquellos billetes con números específicos.
Este procedimiento es similar al que aplican bancos centrales como la Reserva Federal de Estados Unidos o el Banco Central Europeo.
Tercera acción positiva: proteger los ahorros.
El BCB y la ASFI reiteraron que los bancos operan con normalidad y que los depósitos están seguros. Este mensaje es fundamental para evitar pánico financiero y retiros masivos de efectivo.
¿Dónde estuvieron los errores y por qué afectaron a la gente?
El principal error fue la comunicación inicial.
En las primeras horas no estaba claro qué billetes servían y cuáles no. En mercados y transporte se rechazaron billetes válidos. En una economía informal, la claridad informativa es tan importante como el dinero mismo.
La quema de billetes fue legal, pero mal entendida.
Desde el punto de vista normativo, el BCB puede destruir billetes. Sin embargo, para la población, ver dinero quemándose genera temor y recuerdos de crisis pasadas. Aunque jurídicamente defendible, no fue la mejor señal en términos de percepción pública.
Hubo también un costo reputacional.
El evento alimentó rumores en redes sociales y medios de comunicación. Circularon versiones sobre traslado de dinero al exterior o supuestos actos de corrupción. Además, queda pendiente una explicación más detallada sobre qué porcentaje fue efectivamente quemado y qué porcentaje se perdió o destruyó con el accidente.
¿Era necesario anular toda una serie de billetes?
Un billete no pierde valor por su diseño, sino solo si el Banco Central lo determina formalmente.
Inicialmente se suspendió toda la serie B por precaución. Posteriormente, el BCB corrigió la medida y limitó la invalidez únicamente a los billetes con numeración comprometida.
Esa decisión fue más razonable, porque protege a la mayoría de la población y evita un daño innecesario.
¿Fue legal lo que hizo el BCB?
De acuerdo con la Constitución, la Ley 1670 del Banco Central y la Ley 393 de Servicios Financieros, el BCB es la única autoridad facultada para:
– Emitir billetes
– Retirarlos de circulación
– Declarar su invalidez legal
Estas decisiones deben ser aprobadas por su Directorio y comunicadas oficialmente. No corresponde a la Policía ni a otra entidad determinar qué billetes valen o no.
Sin embargo, es importante que las decisiones excepcionales estén respaldadas por resoluciones formales y públicas para fortalecer la confianza ciudadana.
¿Qué hacen otros bancos centrales en casos similares?
En la mayoría de países, cuando se pierde o roba un lote de billetes, se trabaja con precisión numérica y no con bloqueos generales.
La decisión final del BCB de invalidar únicamente los billetes identificados por numeración es consistente con prácticas internacionales. El error estuvo más en la forma de comunicar y aplicar inicialmente la medida que en la lógica técnica.
En resumen: ¿mi dinero perdió valor?
No hubo inflación.
No hubo devaluación.
No se perdió el valor del boliviano.
Hubo un problema logístico.
Hubo errores de comunicación.
El impacto económico fue mínimo.
¿Qué se puede hacer para que no vuelva a pasar?
Se necesitan protocolos claros para emergencias monetarias, con reglas públicas que expliquen qué ocurre y qué debe hacer la población.
La comunicación debe pensarse también para la economía popular: radios, mercados, lenguaje simple, información visual y uso estratégico de redes sociales para evitar rumores.
Asimismo, se requiere mayor tecnología para identificar billetes con rapidez y reducir el margen de desinformación.
Mensaje final
Tu dinero sigue valiendo lo mismo.
Los billetes válidos continúan siendo válidos; los robados no.
El problema fue un accidente, no una crisis económica.
La confianza es clave y el sistema financiero boliviano sigue funcionando. No hubo choque monetario ni inflacionario, sino un shock de información que fue corregido.
Sin embargo, es necesario mejorar la comunicación pública y garantizar que todas las decisiones excepcionales cuenten con respaldo normativo visible y verificable, para evitar especulaciones y fortalecer la credibilidad institucional.









