
VICEMINISTRO DE POLÍTICAS DE INDUSTRIALIZACIÓN
En un contexto global marcado por el abrumador volumen de información, la incertidumbre, los cambios tecnológicos acelerados y las tensiones geopolíticas, la resiliencia empresarial ha dejado de ser una cualidad deseable para convertirse en una condición indispensable; sin embargo, conviene precisar que la resiliencia no es únicamente la capacidad de resistir crisis, tiene que ver con la capacidad de adaptarse, transformarse y proyectarse con mayor fortaleza.
Desde la perspectiva del Estado, este concepto adquiere una dimensión estratégica, puesto que, no se trata solo de empresas individuales que logran sostenerse, también se trata de sistemas productivos capaces de reinventarse, diversificarse y generar valor en entornos cambiantes; por lo que, el rol del gobierno nacional es fundamental para construir las condiciones habilitantes de esa resiliencia.
Bolivia ha enfrentado en los últimos años múltiples desafíos, desde los efectos de la pandemia, las fluctuaciones en los mercados internacionales hasta los conflictos sociales. En ese escenario, hemos constatado que las economías más resilientes no son necesariamente las más grandes, son aquellas que han sabido fortalecer su base productiva, apostar por la industrialización y articular de manera adecuada lo público y lo privado.
En ese contexto, se debe considerar que la resiliencia empresarial está íntimamente ligada a tres pilares fundamentales:
El primero es “la diversificación productiva”, puesto que, las economías dependientes de pocos sectores o de materias primas sin transformación son sustancialmentemás vulnerables. Por lo que, impulsar procesos de industrialización, agregar valor en origen y promover encadenamientos productivos permite reducir riesgos y ampliar oportunidades.
El segundo pilar es “la innovación y la adopción tecnológica”, puesto que, las empresas que incorporan tecnología, digitalización y nuevas formas de gestión tienen mayor capacidad de adaptación. Desde el Estado, eldesafío es generar políticas públicas que faciliten este proceso, a través de acceso a financiamiento, incentivos a la innovación, formación de talento humano y marcos regulatorios que acompañen la transformación digital.
El tercer pilar es “la articulación institucional y la confianza”, puesto que, ninguna empresa es resiliente de manera aislada. La articulación entre el sector público, el sector privado, la academia y la comunidad es clave para construir ecosistemas productivos robustos.
Ahora bien, es importante dar un paso más en la reflexión, puesto que, no basta con hablar de resiliencia como reacción ante la crisis; debemos avanzar hacia una visión de resiliencia anticipatoria, que no es más que, aquella que se adelanta a los cambios, que identifica tendencias y que se prepara diversos escenarios futuros.
En este punto, el rol del Estado no es sustituir la iniciativa privada, más bien es orientarla, acompañarla y potenciarla. Las políticas de industrialización que impulsamos deben buscar precisamente eso, generar capacidades estructurales que permitan a nuestras empresas competir en mercados cada vez más exigentes.
La resiliencia empresarial también tiene una dimensión ética, puesto que, las empresas que sobreviven y crecen en el tiempo son aquellas que construyen relaciones sostenibles con su entorno, como con sus trabajadores, con sus comunidades y con el medio ambiente. En un mundo que exige cada vez mayor responsabilidad social y ambiental (sostenibilidad), la resiliencia está también vinculada a la legitimidad.
En esa línea, la visión del actual gobierno nacional es clara, “avanzar hacia una economía más diversificada, con mayor valor agregado, basada en la industrialización, la innovación y la articulación público-privada” como ejes estructurales del desarrollo.
Pero, en definitiva, el desafío que hoy enfrenta Bolivia va más allá de lo económico o institucional, esprofundamente humano puesto que, se debe recuperar la confianza entre bolivianos, un intangible esencial. Es momento de reconstruir estructuras y también vínculos; de reavivar un ánimo colectivo que nos convoque a todos —Estado, sector privado y ciudadanía— a ser protagonistas de una nueva etapa. La resiliencia que demanda la patria no puede ser pasiva ni resignada, debe ser activa, consciente y profundamente patriótica. Una resiliencia que transforme la incertidumbre en propósito, la adversidad en oportunidad y la desconfianza en un renovado compromiso con un futuro común. Solo así, podremos sentar las bases de un Estado más sólido, legítimo y orientado al desarrollo integral de Bolivia.









