Diligentes yernos del del gobierno país preparan la llegada de la suegra Fondo Monetario Internacional (FMI). La segunda madre podría aparecer con unos 2.800 millones de dólares bajo el brazo. Naturalmente, nadie la invita por la plata. ¡Qué falta de delicadeza con la doñita! Oficialmente vendría a “respaldar el programa económicosoberano” y reconstruir la confianza. ¡Amadita!
Antes de que empiece la guerra santa ideológica conviene aclarar algo fundamental. Todavía no hay acuerdo firmado. Para este análisis, tomaremos como referencia el Staff Report del FMI publicado en junio de 2025, resultado de la consulta del Artículo IV, que es un diagnóstico acompañado de recomendaciones.
Este documento tiene hoy enorme importancia porque permite saber qué pensaba la suegra de la casa antes de que los yernos decidieran invitarla. Y resulta que varias cosas que recomendaba en 2025 se parecen bastante a lo que Bolivia comenzó a hacer en 2026.
La primera observación estaba dirigida al tipo de cambio. El FMI sostenía que mantener indefinidamente el dólar en Bs 6,96 era insostenible cuando simultáneamente existían un elevado déficit fiscal, emisión monetaria, pérdida de reservas y un enorme mercado paralelo. Recomendaba abandonar el ancla cambiaria, recuperar un mercado de divisas funcional y avanzar hacia mayor flexibilidad.¡Sass! Primer mueble acomodado en la casa.
La segunda recomendación importante era dejar de utilizar al Banco Central de Bolivia (BCB) como financiador recurrente del déficit público. Esto merece una explicación sencilla. Cuando el Gobierno gasta mucho más de lo que recauda y el BCB crea dinero o se endeuda para cubrir la diferencia, aparecen más bolivianos buscando aproximadamente la misma cantidad de bienes y dólares. Si además faltan divisas, parte de ese dinero corre al mercado cambiario. Resultado: inflación, presión sobre el dólar y pérdida de reservas.
El Gobierno afirma que terminó esa práctica. Juro por la virgencita del codo. Magnífico. Good boy. Pero probablemente la suegra preguntará: ¿Y dónde está el candado? ¿Nombraron al Presidente del BCB mediante la Asamblea como manda la Ley? Porque una cosa es dejar temporalmente de usar la caja y otra crear instituciones que impidan volver a abrirla cuando aparezcan dificultades políticas.
El tercer gran capítulo son los combustibles. El FMI estimaba que el subsidio costaba directamente cerca de 4% del PIB y todavía más incorporando costos económicos indirectos. Además, sostenía que era regresivo: una parte importante terminaba beneficiando proporcionalmente más a hogares de mayores ingresos, que consumen más gasolina y diésel.
Su recomendación no era simplemente subir precios y mandar a la población a rezar. Proponía desmontar progresivamente el subsidio generalizado y utilizar parte del ahorro para proteger mediante transferencias focalizadas a las familias vulnerables. Bolivia ya recorrió buena parte de ese camino. Digamos que la cocina está bastante más limpia. Aunque seguramente la señora moverá la heladera para ver qué subsidios cruzados (como en el sector eléctrico), compensaciones y costos transitorios quedaron escondidos detrás.
Pero el verdadero encuentro familiar ocurrirá cuando llegue al dormitorio principal: el déficit fiscal. Ay tatito. El FMI recomendaba llevar el déficit primario hacia aproximadamente 1% del PIB en tres años. Partiendo de niveles cercanos a 9%-10%, estamos hablando de una corrección gigantesca. Es probablemente la parte económica y políticamente más difícil de cualquier eventual acuerdo. ¿Y cómo se reduce semejante hueco? No existe magia fiscal. Solamente tres caminos: reducir gastos, aumentar ingresos o hacer una combinación de ambos. Por ejemplo, después de más 8 meses de gobierno, la fábrica estatal de papitas fritas sigue comiéndose losimpuestos, dispara la señorona. Aprovechado, querida guardiana de la sensatez financiera, sírvase estas “bolivianpotato chips” con llajua y huacataya. Le va hacer bien para la altura y los gases. Son hechas con una variedad única en el mundo: papa imilla. Son bien sabrosas y picaronas. A ver joven. No me cuente cuentos. ¿Qué hará con las empresas estatales deficitarias? Estamos estudiando el tema, gritan a coro de yernos. La jefa pone cara de pocos amigos.
A ver, hijitos, muéstrenme el déficit público. Los yernos pálidos de chaki se lanzan sobre la puerta: ¡Ese cajón todavía no, reinita! ¡Justo esito falta arreglar! Va disculpar.
Y probablemente ahí estará la discusión central de cualquier programa futuro. Porque el FMI puede aceptar diferentes combinaciones de medidas e incluso negociar velocidades de ajuste. Lo difícil sería imaginar que preste miles de millones de dólares mientras continúa intacto el mecanismo fiscal que produjo parte de la crisis.
También había otros dormitorios por ordenar. El informe recomendaba flexibilizar tasas de interés, fortalecer la supervisión financiera, mejorar la independencia de la Gestora, reducir controles de precios y cupos de exportación, atraer inversión privada hacia hidrocarburos y minería, mejorar el clima empresarial, reducir informalidad y fortalecer transparencia y lucha contra la corrupción.
Aquí aparece otra precisión importante: no todas estas recomendaciones del Staff Report necesariamente se convertirán en condiciones de un eventual préstamo. Así que habrá que esperar el resultado de las negociaciones.
¿Cómo funciona entonces un crédito del FMI? Se preguntan los otros parientes de la familia Bolivia.
Si Bolivia finalmente accede a un Servicio Ampliado del Fondo, conocido como EFF, no recibirá necesariamente 2.800 millones de dólares de una sola vez como quien cobra el anticrético y sale corriendo.
El programa normalmente dura varios años y los recursos se desembolsan por etapas. Antes de aprobarlo pueden existir prior actions: medidas que el Gobierno debe ejecutar previamente. Luego se establecen metas cuantitativas sobre variables como déficit fiscal, reservas internacionales, crédito del Banco Central y otras cuentas macroeconómicas.
Cada cierto tiempo llegan las revisiones. Vuelve la segunda madre a ver si los orejas están limpias, si no se está gastando la plata el sueldos públicos, compra gasolinao pago bono, si se cortaron las uñas del Estado cloaca, y si el gobierno está trancado todavía. En idioma suegra: abre la libreta, mira las notas y recién entrega la siguiente mensualidad.
Por eso es probable que exista un primer desembolso relativamente grande para fortalecer las reservas internacionales y estabilizar el mercado cambiario, seguido de otros desembolsos condicionados al cumplimiento del programa.
¿Y cuánto cuesta esa plata de la doñita? Los créditos del FMI generalmente son mucho más baratos que lo que Bolivia tendría que pagar actualmente para financiarse en los mercados privados internacionales. Pero no son gratuitos.
La tasa básica de estos préstamos está vinculada a la tasa de interés de los Derechos Especiales de Giro (DEG) y por tanto cambia con las condiciones financieras internacionales. En julio de 2026 la tasa básica estaba alrededor de 3,4% anual.
Pero hay letra pequeña. Fregada es la veterana. Como Bolivia tiene una cuota relativamente pequeña dentro del FMI y estaría solicitando un monto varias veces superior a ella, una parte del crédito podría pagar sobretasas. Por eso sería incorrecto afirmar simplemente que los 2.800 millones de dólares llegarán “al 3,4%”. Ese sería aproximadamente el costo base actual; el costo efectivo podría ser superior dependiendo del monto finalmente aprobado, los desembolsos y el tiempo durante el cual Bolivia mantenga una elevada exposición al Fondo. En otras palabras: la suegra presta más barato que el mercado, pero tampoco trabaja de beneficencia. ¿Entre 4 y 6% al año?
En cuanto al plazo, un EFF ofrece una ventaja importante. Cada desembolso comienza a amortizarse después de aproximadamente cuatro años y medio y termina de pagarse hasta diez años después de recibido. Esto otorga un período valioso para estabilizar la economía antes de comenzar a devolver el capital. Y aquí llegamos al punto fundamental. Los 2.800 millones de verdes no solucionarán la economía boliviana. No descubren nuevos campos de gas. No aumentan automáticamente las exportaciones. No reducen el déficit fiscal. No mejoran productividad ni convierten burócratas en emprendedores por ósmosis financiera.
Lo que compran es algo enormemente importante: tiempo, reservas y credibilidad. Una entrada significativa de dólares puede fortalecer al Banco Central, reducir el temor a una crisis cambiaria, estabilizar expectativas y permitir que las reformas produzcan resultados antes de que se agoten nuevamente las divisas. Además, un acuerdo con el FMI funciona como una señal para el BID, CAF e inversionistas privados. Los tías podrán comenzar a desembolsar los dólares prometidos, como 7,500 millones de dólares pero también poco a poco. El préstamo del FMI, por tanto, no es la carretera. Es apenas el puente que permite llegar hasta ella.
Y aquí aparece la deliciosa paradoja. La suegra todavía no ha entrado formalmente en la casa, pero varios muebles ya están donde ella había recomendado ponerlos: se modificó el régimen cambiario, se redujeron subsidios, se frenó el financiamiento monetario y comenzó el ajuste fiscal.
Esto no significa que Washington gobierne Bolivia. Quizá significa algo más sencillo: cuando varios médicos observan la misma radiografía económica, algunas recetas terminan inevitablemente pareciéndose. Uy que elegante.
Algunos mal entretenidos, seguramente sin suegra, preguntan: si finalmente íbamos a terminar haciendo buena parte de lo que recomendaba la doñita, ¿por qué no comenzamos hace ocho meses con programa, credibilidad y platita, en vez de pasarnos todo este tiempo wayronqueando macroeconómicamente? Pregunta incómoda. Pero como aquí no somos malagradecidos y no nos queda otra: bienvenida, querida suegrita FMI. Pase nomás, deje muchos dólares y, si fuera posible, pocos pellizcos. Aclaración: amo a mi suegra y no le debo plata.









