
La política, como cualquier otro quehacer social, tiene su propia dinámica. Atenas, Roma, Constantinopla, Florencia, Sevilla o Madrid, Lima o Buenos Aires —por mencionar algunos ejemplos— son la muestra de cómo se estructura la parafernalia del poder y los conocimientos que son necesarios para gobernar. Marco Tulio Cicerón meditaba y, entre sus conclusiones, mencionaba: “Muchas veces me he preguntado si la facilidad de palabra y el excesivo estudio de la elocuencia no han causado mayores males que bienes a hombres y ciudades. En efecto, cuando considero los desastres sufridos por nuestra república y repaso las desgracias acaecidas en otros tiempos a los más poderosos estados, compruebo que una parte considerable de estos daños ha sido causada por hombres de la más grande elocuencia. Mas, cuando empiezo a investigar en los testimonios literarios esos acontecimientos que por su antigüedad están ya alejados de nuestra memoria, me doy cuenta de que la elocuencia, más que la razón, ha servido para fundar muchas ciudades, sofocar muchas guerras y establecer muchas y muy firmes alianzas y amistades inviolables. Así, tras largas reflexiones, el análisis me ha llevado a concluir que la sabiduría sin elocuencia es poco útil para los estados, pero que la elocuencia sin sabiduría es casi siempre perjudicial y nunca resulta útil”. Hacer hincapié en el conocimiento es fundamental; conocer la historia, las leyes y la teoría política es esencial para entender nuestro día a día.
No reconocer lo ocurrido en el pasado es un error infantil y pedir la jubilación de los actores políticos es desconocer, por ejemplo, su trabajo y esfuerzo en la victoria ciudadana del 21F. Su labor en el control electoral fue fundamental para poner frenos al autoritarismo del MAS. Fueron los mismos actores políticos los que reaccionaron ante el fraude electoral de 2019. La política se compone de procesos, no solamente de formación de sus actores, sino también de las visiones de Estado de su tiempo. Los partidos políticos y la toma de poder no nacen de la noche a la mañana; el ejemplo más icónico que tenemos es el del Movimiento Nacionalista Revolucionario, que entendió a la que denominamos “generación del Chaco” al participar en los gobiernos de Germán Busch Becerra y Gualberto Villarroel López. Su camino al gobierno fue largo: Víctor Paz Estenssoro asumió el mando en 1952, en la Revolución Nacional, y fue presidente en cuatro ocasiones. Es el político más importante del siglo XX boliviano. Paz Estenssoro entendió que la política era competencia y que necesitaba de un equipo de trabajo para la toma del poder; en ningún momento hubiera esperado que los representantes de la rosca minero-feudal se jubilasen.
Los actores políticos conocen por la historia que la lucha por el poder no es una labor sencilla y requiere de inteligencia y fuerza para lograr sus objetivos. Ser “astutos como un zorro y fuertes como un león” sería una de las máximas de Maquiavelo en “El príncipe”, que sigue vigente hasta el día de hoy. La teoría política nos muestra que el pedido de jubilación es un simple sueño. Robert Michels, en “Los partidos políticos: un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna”, teniendo como objeto de estudio al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), concluyó que toda organización democrática tiende a crear una oligarquía dominante; en este caso particular, la facción dominante del partido, que es la élite que lo lidera. Las motivaciones de los actores son fundamentales para observar quiénes son la base y quiénes conforman la élite. Esto no solamente es algo que podemos observar en los partidos políticos, sino también en sindicatos, corporaciones y organizaciones no gubernamentales, por mencionar algunos.
La política exige acción más allá de los buenos deseos; esperar que los actores den un paso al costado o se jubilen es una ilusión. Nadie en su sano juicio dejaría el poco o mucho poder o estatus obtenido. Los nuevos actores, los jóvenes o aquellos que quieran ingresar al ruedo político deben aceptar la realidad en la que se desenvuelven; de lo contrario, seguirán atrapados en el deseo y muy lejos de la realidad.







