
Bolivia atraviesa un momento en el que necesitamos menos ruido y más capacidad para construir.
En las últimas semanas hemos visto cómo una parte importante de la conversación pública puede concentrarse durante días en juzgar, señalar y buscar culpables. Las redes sociales se convierten rápidamente en tribunales, muchas veces antes de conocer todos los hechos y, peor aún, mientras asuntos de enorme importancia para el futuro del país esperan nuestra atención.
Juzgamos al político; al empresario; al que tiene éxito; al que se equivoca y al que piensa distinto.
Y mientras tanto, ¿cuánto tiempo dedicamos a entender las leyes que pueden cambiar nuestro futuro?
No se trata de dejar de cuestionar. Una sociedad democrática tiene derecho a preguntar, fiscalizar y exigir transparencia. Pero también debemos preguntarnos si estamos dedicando la misma energía a discutir las soluciones que necesitamos como país.
Mientras nuestra conversación pública se concentra en personas, hay decisiones que pueden afectar durante años la vida de millones de bolivianos.
Una de ellas es la discusión sobre la Ley de Inversiones. Pero ¿por qué debería importarme esta ley? Porque detrás de una inversión hay una empresa; detrás de una empresa, empleos; y detrás de cada empleo, una familia.
Y aquí deberíamos estar preguntándonos: ¿Cómo hacemos para que Bolivia vuelva a ser atractiva para invertir? ¿Cómo generamos empleo?
¿Cómo conseguimos que nuestros jóvenes encuentren oportunidades sin tener que abandonar el país?
El problema es que la indignación suele ocupar más espacio que la reflexión.
Juzgar es fácil. Construir es incómodo.
Construir implica leer antes de opinar. Entender antes de condenar. Discutir antes de descalificar. Proponer antes de destruir.
El futuro de Bolivia no depende solamente de lo que hagan los políticos. También depende de lo que hagamos nosotros como ciudadanos.
Una ley de esta naturaleza no debería ser una conversación exclusiva de quienes la redactan o de quienes tienen intereses económicos directamente vinculados a ella. Debería ser una conversación de todos.
Bolivia no necesita ciudadanos menos críticos. Necesita ciudadanos más comprometidos con construir. Señalar lo que está mal puede abrir una conversación. Pero solamente construir puede cambiar un país.









