Las empresas de medios tienen derecho a despedir a comunicadores antisemitas

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Las empresas de medios tienen derecho a despedir a comunicadores antisemitas

C5N despidió a la periodista Silvina Sterin Pensel luego de que esta llamara a expulsar de Argentina a los turistas de Israel.[3] Este caso se suma a una serie de decisiones similares tomadas por empresas de medios en distintos países, donde se han separado de comunicadores por expresiones consideradas antisemitas. En Hollywood, la productora Spyglass despidió a la actriz mexicana Melissa Barrera de la séptima entrega de la saga Scream tras publicaciones en Instagram donde calificó la campaña de Israel en Gaza como genocidio y limpieza étnica, argumentando cero tolerancia al antisemitismo o la incitación al odio.[1] Asimismo, Susan Sarandon perdió contratos y representación por declaraciones que cruzaron líneas respecto a minorías, en un contexto donde Hollywood ha mostrado consecuencias por sexismo, racismo, homofobia o antisemitismo.[1] La BBC separó a un alto empleado por compartir repetidamente publicaciones antisemitas en Facebook.[2]

Estas acciones reflejan el ejercicio de la libertad empresarial de los medios para seleccionar a sus comunicadores, alineados con políticas internas contra el odio. En Argentina, el despido de Sterin Pensel por C5N ocurrió tras su propuesta explícita de expulsión de turistas israelíes, lo que generó rechazo inmediato por parte de la cadena.[3][9] Precedentes internacionales confirman esta práctica: la Liga Antidifamación criticó a sindicatos de Hollywood por no condenar a Hamás, mientras celebridades como Maha Dakhil, agente de Tom Cruise, se apartaron de agencias por opiniones sobre Gaza calificadas como problemáticas.[1] Otros casos incluyen a autoras como Saira Rao y Regina Jackson, que perdieron representación por posturas contra el sionismo.[1]

Desde una perspectiva liberal, estas decisiones no constituyen censura estatal sino contratos privados entre empresas y empleados, donde los medios protegen su reputación y evitan la incitación al odio verificable. Datos de la industria muestran que tales medidas preservan la credibilidad periodística, evitando narrativas que equiparen crítica legítima con antisemitismo, pero respondiendo a expresiones que cruzan límites éticos y contractuales.[1][2][3]

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