La red de narcotráfico de Roy Toro y la logística carcelaria de sus operaciones
La justicia argentina desarticuló una organización dedicada al narcotráfico encabezada por Roy Toro, un ciudadano peruano que operaba desde una celda en el penal de Ezeiza. La investigación permitió establecer que Toro mantenía una relación sentimental con una mujer identificada como Camila, quien cumplía una condena previa por el delito de transporte de estupefacientes en la modalidad de mula.
El expediente judicial detalla que a pesar de encontrarse privado de su libertad, Toro coordinaba una estructura delictiva mediante el uso de teléfonos celulares dentro de la unidad penitenciaria. El sistema de comunicación permitía al líder de la banda dirigir los movimientos de su pareja, quien tras obtener la libertad condicional se encargaba de gestionar la distribución de drogas en el ámbito urbano. La relación entre ambos no se limitaba al plano personal, sino que funcionaba como un vínculo operativo esencial para la continuidad del negocio ilícito.
La maniobra fue detectada tras un seguimiento sobre los movimientos de la mujer, cuyas visitas al penal de Ezeiza coincidían con coordinaciones telefónicas sobre puntos de venta y almacenamiento de sustancias. La fiscalía a cargo del caso obtuvo pruebas de transferencias financieras y mensajes de texto que confirmaban la jerarquía de Toro dentro de la organización y el rol de ejecutor de Camila.
Tras la recopilación de evidencias, las autoridades ejecutaron procedimientos que resultaron en el decomiso de material estupefaciente y la incautación de dispositivos electrónicos en la celda de Toro. El juez interviniente procesó a los implicados por los delitos de asociación ilícita y comercialización de estupefacientes. El caso expone las deficiencias en el control de las telecomunicaciones en el sistema penitenciario y la facilidad con la que estructuras criminales externas logran articularse mediante la colaboración de personas que han pasado por el sistema penal.









