
El autor es Licenciado en Economía por la UMSA. Doctorado Ph.D. en Relaciones Internacionales por la Universidad del Salvador (Argentina). Académico de número de la ABCE y presidente de la Federación de Empresarios Privados de La Paz (FEPLP).
El departamento de La Paz, que concentra el 30,9% de las unidades económicas formales del país —122.956 de un total de 398.131 a noviembre de 2025— y lidera la industria manufacturera nacional con 12.978 unidades, equivalentes al 31,6% del total, ve amenazada una posición construida gracias al esfuerzo de miles de emprendedores y de micro, pequeñas, medianas y grandes empresas.
La Federación de Empresarios Privados de La Paz (FEPLP) presentó el documento “Restricciones al Desarrollo Empresarial Paceño y Agenda de Soluciones ante la Crisis de Convulsión Social”, que esperamos sea considerado por el Gobierno.
Los empresarios paceños identificamos cuatro indicadores que reflejan la magnitud de la crisis: pérdidas superiores a 500 millones de dólares en La Paz tras más de un mes de bloqueos; perjuicios nacionales mayores a 2.100 millones de dólares, según la Cámara Nacional de Industrias; el 30,9% del tejido empresarial del país en riesgo; y 300.000 empleos amenazados en la cadena turística paceña.
La FEPLP presentó un diagnóstico y propuestas de solución. La restricción económica y financiera ha generado pérdidas e iliquidez por la paralización de las ventas, inventarios inmovilizados y un creciente riesgo de mora debido a la falta de facturación. Esta situación puede derivar en un escenario de estanflación, con el consecuente encarecimiento de insumos y del crédito.
Las restricciones logísticas, de transitabilidad y de comercio exterior han paralizado operaciones comerciales y alterado la programación logística nacional, con efectos que podrían prolongarse más allá de los conflictos.
Las dificultades de abastecimiento han provocado escasez de alimentos, combustibles, insumos industriales y medicamentos. El sector farmacéutico enfrenta una posible paralización y las cadenas agroproductivas están seriamente afectadas. La producción de los Yungas, el Altiplano y la región del lago Titicaca —café, cacao, quinua, fibras de camélidos, truchas y lácteas— no llega oportunamente a los mercados ni a las plantas de transformación.
En el ámbito social, alrededor de 300.000 empleos están en riesgo. Algunos establecimientos turísticos reportan cancelaciones hoteleras de hasta el 90% y pérdidas acumuladas de Bs 1.150 millones, situación que podría impulsar el traslado de operaciones a otras regiones.
La competitividad del departamento también se deteriora, erosionando uno de los activos más difíciles de recuperar: la confianza. Representantes de la Cámara Nacional de Industrias han advertido que algunas empresas analizan trasladar sus operaciones a Cochabamba y Santa Cruz en busca de mejores condiciones.
La vulneración del derecho a la libre circulación y la falta de garantías para la actividad económica evidencian que debemos pasar del estado de emergencia provocado por los bloqueos a una etapa de recuperación.
La FEPLP propone tres fases. La primera consiste en restablecer la libre circulación, suspender temporalmente sanciones tributarias, financieras, aduaneras y laborales, y registrar oficialmente los daños ocasionados. La segunda contempla un fondo de resarcimiento, la reprogramación de créditos y un programa de protección del empleo. La tercera plantea el relanzamiento de la marca territorial y del destino La Paz.
Los empresarios consideramos indispensable promover la permanencia y la inversión mediante estabilidad tributaria, facilidades para la importación de bienes de capital y mecanismos de protección a la inversión.
Más allá de la coyuntura, el departamento de La Paz posee enormes oportunidades para construir un nuevo ciclo de crecimiento. Contamos con un gran potencial en la exploración y producción de hidrocarburos en el norte amazónico, la expansión de la agricultura y la ganadería, el fortalecimiento de una economía verde y el desarrollo de proyectos de generación de energía eléctrica, eólica y solar. Asimismo, la consolidación de Patacamaya como puerto seco y centro logístico estratégico puede convertir a La Paz en un articulador del comercio nacional e internacional. Aprovechar estas ventajas exige estabilidad, inversión y una visión de largo plazo que transforme las fortalezas naturales y productivas en mayores oportunidades de empleo, bienestar y prosperidad.
No podemos continuar aislados por conflictos que afectan la producción, el comercio y el empleo. Cada día de bloqueo profundiza las pérdidas económicas, debilita empresas construidas durante décadas y desalienta nuevas inversiones. Proteger el tejido empresarial paceño y a las familias que dependen de él es una condición indispensable para la recuperación económica y el desarrollo sostenible del departamento y del país.









