Hallaron muertos a una mujer de 41 años y a su hijo de 7 en la bañera de un hotel en Retiro
Una mujer de 41 años identificada como Gisela Mercedes De Yurka y su hijo Gabriel Saru Ovejero, de 7 años, fueron encontrados sin vida en la bañera de una habitación de un hotel en Marcelo T. de Alvear al 1300, en el barrio porteño de Retiro, el viernes por la mañana.[1][2][3] El gerente del establecimiento alertó a la Policía de la Ciudad al notar que no habían realizado el check-out en el horario previsto ni respondían a los llamados, tras haberse registrado el día anterior.[1][2][4] Al ingresar al cuarto, el personal constató que ambos cuerpos estaban en el interior de la bañera, sin signos vitales, y que no había ingresos violentados ni la habitación estaba revuelta.[1][2][3]
Los residentes de González Catán, en el partido bonaerense de La Matanza, habían sido reportados como desaparecidos desde la tarde del jueves 15 de enero por familiares y allegados a través de redes sociales, donde se compartieron fotos de madre e hijo con mensajes como «Los buscamos…. Faltan de su domicilio desde el día 15/01/26 por la tarde» y llamados a compartir por parte de una colega de Gisela, quien indicó que eran su alumna y compañera de trabajo en el barrio Independencia.[1] Gisela, docente que trabajó en la Asociación Civil Hogares del Espíritu Santo, el Colegio San Mauricio y el Instituto Nuestra Señora del Hogar, solía publicar en su cuenta de Facebook imágenes con su hijo, a quien describía como «mi vida… mi todo».[1][2]
Los resultados preliminares de la autopsia, realizados por el Cuerpo Médico Forense en la Morgue Judicial, revelaron que el niño falleció por asfixia por sumersión y un cuadro de hipoglucemia, mientras que la mujer murió por un mecanismo mixto: hipoglucemia, lesiones cortantes autoinfligidas y posterior ahogamiento.[2][3] En la habitación se hallaron dosis de insulina, jeringas y un bisturí; allegados indicaron que Gisela no era diabética, aunque personas de su entorno sí lo eran, dato bajo análisis por la fiscalía.[2][3] La escena no presentó indicios de intervención de terceros, y la hipótesis principal es un homicidio seguido de suicidio, con la madre inyectando insulina al hijo, ahogándolo y luego autoinfligiéndose cortes antes de ahogarse.[2][3][4]
La causa, caratulada como averiguación de causales de muerte, está a cargo de la fiscal Laura Belloqui de la Fiscalía Criminal y Correccional N° 59, y la investigación continúa para precisar la secuencia de los hechos.[4] Según personas cercanas, Gisela vivía con su pareja, padre del niño, y había solicitado un crédito para abrir un local comercial.[2]









