El rezago de América Latina: instituciones extractivas y crecimiento interrumpido
América Latina padece un rezago estructural que se manifiesta en un patrón recurrente de crecimiento interrumpido, dependencia de materias primas y vulnerabilidad frente a choques externos. Este fenómeno no deriva de una escasez de recursos naturales o humanos, sino del predominio de instituciones extractivas que priorizan el favoritismo político sobre la seguridad jurídica y la previsibilidad necesarias para el desarrollo sostenido.
En Venezuela, el aislamiento internacional y los embargos financieros, consecuencia directa de la ruptura con los estándares democráticos mínimos evidenciada en el fraude electoral de 2024, han ahuyentado las inversiones y reducido la capacidad productiva del país. Esto ha empujado la economía hacia un corporativismo caracterizado por esquemas de favoritismo político que erosionan la competitividad.
En Colombia, medidas como la reforma pensional de 2024, que incluyó una reducción del período de cotización en contracorriente con tendencias globales, y aumentos abruptos del salario mínimo, que creció casi una cuarta parte en 2025, han incrementado la informalidad laboral. Aunque presentadas como políticas sociales, estas decisiones deterioran la sostenibilidad fiscal, ahuyentan inversiones y refuerzan un ciclo de populismo que fragiliza las instituciones.
Estos ejemplos nacionales, pese a sus diferencias, convergen en una conclusión clara: los estados capturados por corporaciones, élites políticas corporativistas, sindicatos o grupos armados fallan en proveer el marco institucional que impulse la inversión productiva y la diversificación económica. El resultado es una región atrapada en ciclos de bajo crecimiento, expuesta a volatilidades externas y incapaz de capitalizar sus ventajas comparativas más allá de las commodities.









