El crédito que impulsa la producción

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El autor es Licenciado en Economía por la UMSA. Doctorado Ph.D. en Relaciones Internacionales por la Universidad del Salvador (Argentina). Académico de número de la ABCE y presidente de la Federación de Empresarios Privados de La Paz (FEPLP).
 

El sistema financiero puede impulsar la recuperación al canalizar el ahorro hacia proyectos que promuevan la diversificación productiva, la inversión y el empleo, contribuyendo así al desarrollo del país.

En el actual contexto, la banca enfrenta el desafío de gestionar su liquidez y solvencia, atender las necesidades de financiamiento empresarial y evaluar reprogramaciones para prestatarios con dificultades, según su capacidad de pago y preservando la estabilidad del sistema.

Las utilidades del sistema financiero en Bolivia representan una alícuota del 25% del Impuesto sobre las Utilidades de las Empresas (IUE) y una alícuota adicional del 25%, lo que representa una carga tributaria nominal del 50% sobre las utilidades imponibles. Este impuesto es uno de los altos del mundo.

Según información de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban), a julio de 2026 la cartera de créditos del sistema bancario alcanzó aproximadamente Bs 212.800 millones, con un crecimiento interanual del 3,9%; los depósitos llegaron a Bs 246.700 millones, un 17,8% más. Estas cifras reflejan la importancia de la intermediación financiera, aunque los depósitos no están íntegramente disponibles para nuevos préstamos, pues deben preservarse la liquidez y el cumplimiento de las exigencias regulatorias.

Los datos de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) muestran que en 2021 la cartera del sistema financiero creció un 4,1%, hasta Bs 199.380 millones. Los nuevos desembolsos sumaron Bs 78.271 millones, un 39,4% más que en 2020. La industria manufacturera recibió en promedio Bs 1.600 millones mensuales en nuevos créditos, mientras el microcrédito apoyó a pequeñas unidades económicas tras la pandemia.

En 2022, la cartera aumentó un 7,7%, hasta Bs 214.753 millones, y los depósitos llegaron a Bs 224.040 millones, con un crecimiento del 6,1%. En 2023, la cartera bajó a Bs 213.726 millones. Luego se recuperó: alcanzó Bs 222.365 millones en 2024, un 4% más, y Bs 229.576 millones en 2025, con un crecimiento del 3,2%. Entre diciembre de 2021 y diciembre de 2025, aumentó Bs 30.196 millones, equivalente al 15,1% nominal.

A diciembre de 2025, los créditos al sector productivo sumaron Bs 110.837 millones. En marzo de 2026, la cartera productiva llegó a Bs 112.114 millones y los créditos a unidades económicas, a Bs 153.995 millones. En ese periodo, el financiamiento productivo representó aproximadamente el 48,5% de la cartera total. Para el primer semestre de 2026, la cartera del sistema financiero nacional se situó en Bs 234.269 millones. Esta cifra corresponde a un periodo y una cobertura distinta de los indicadores de Asoban; para calcular la participación de las unidades económicas a junio se requiere datos correspondientes a esa misma fecha.

La dimensión patrimonial y fiscal de la banca también es relevante. A diciembre de 2025, el sistema bancario registró depósitos por aproximadamente US$ 31.985 millones, créditos por US$ 30.213 millones, patrimonio de US$ 3.585 millones y utilidades de US$ 540 millones. Además, los pagos de impuestos del sector de servicios financieros aumentaron Bs 1.314,1 millones entre 2024 y 2025, un 28,1%, según información atribuida al Servicio de Impuestos Nacionales. Este dato comprende al conjunto de los servicios financieros, no solo a los bancos.

Esta política debe garantizar la devolución de los depósitos en dólares a los ciudadanos y la restitución de los recursos correspondientes a las entidades financieras, mediante un cronograma transparente, reglas claras y mecanismos de seguimiento periódico. Su implementación debe preservar la estabilidad financiera y la capacidad de cumplir las obligaciones internacionales del país, contribuyendo a recuperar la confianza, facilitar las importaciones y los pagos a proveedores del exterior, impulsar la inversión y dinamizar la actividad productiva.

El financiamiento productivo es uno de los principales canales por los que la banca puede apoyar la recuperación. Se pueden fortalecer líneas para capital de trabajo, maquinaria, modernización tecnológica y nuevas inversiones, de acuerdo con la evaluación de riesgos y la capacidad de pago de los prestatarios.

Entre los instrumentos disponibles están el refinanciamiento y la reprogramación de créditos, el factoring y descuento de facturas, el leasing y los warrants o bonos de prenda, que permiten respaldar operaciones crediticias con mercancías almacenadas. También pueden contribuir las líneas del Banco de Desarrollo Productivo (BDP) y los recursos de organismos multilaterales canalizados por la banca local o el BDP.

El desafío es articular al sistema financiero, las empresas y las autoridades para facilitar el crédito, la inversión y la producción. La banca no puede asumir por sí sola la recuperación, pero puede movilizar el ahorro hacia proyectos viables que generen actividad y empleo.

La disponibilidad de dólares constituye un factor fundamental para el funcionamiento del sistema financiero y la recuperación económica. El Banco Central de Bolivia debe garantizar la devolución de los dólares depositados y contribuir a restablecer su disponibilidad para el sistema financiero, las empresas y los ciudadanos, mediante mecanismos transparentes y reglas claras sobre la administración y el uso de las reservas internacionales.

Debemos restablecer el uso del dólar en los depósitos y créditos, generando las condiciones necesarias para recuperar la confianza de los depositantes y permitir que las personas y las empresas puedan mantener cuentas de ahorro en dólares y acceder a préstamos en esa moneda. Esto contribuirá a recuperar la normalidad y fortalecer el funcionamiento de un sistema financiero moderno.

El sistema bancario es un pilar de la inversión privada. Para aprovechar su potencial, será fundamental compatibilizar la estabilidad financiera con una mayor respuesta a las necesidades de empresas y productores, impulsando el crecimiento y la diversificación productiva de Bolivia.

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