El chavismo resiste y Venezuela sufre: la opción de la fuerza interna frente a la inacción externa
Roderick Navarro, político venezolano exiliado en Brasil desde 2017, describe en este artículo la persistencia del régimen chavista y las consecuencias humanitarias y económicas que afronta Venezuela, y plantea que la alternativa realista para cambiar el curso del país debe venir desde la fuerza interna organizada, dadas las limitaciones y la inercia de la acción internacional[4]. Navarro sitúa el problema en la consolidación del poder chavista tras décadas de control y en la degradación institucional que ha dejado al país en manos de estructuras clientelares y del crimen organizado que se apropian del territorio y de la economía[4].
El autor señala que el chavismo ha mostrado una notable capacidad de resistencia ante presiones externas, aprovechando la fragmentación internacional y la falta de una estrategia coherente y sostenida por parte de actores externos; por ello, los intentos de presión no han logrado revertir la dinámica de poder en Venezuela[4]. Navarro enfatiza que la resiliencia del régimen se apoya en su control de las fuerzas armadas, en redes de lealtad política y en el uso de mecanismos institucionales y parainstitucionales para neutralizar a la oposición y perpetuarse en el poder[4].
En términos humanitarios y económicos, el texto documenta el sufrimiento de la población venezolana: migración masiva, colapso de servicios públicos, deterioro de la actividad económica y empobrecimiento generalizado como efectos directos de las políticas y del manejo del Estado bajo el chavismo[4]. Navarro advierte que esas consecuencias no se corrigen únicamente con sanciones o condenas internacionales si no existe un correlato efectivo de presión y una opción política doméstica capaz de disputar el control territorial y coercitivo del régimen[4].
Frente a esa realidad, el artículo plantea que la salida política debe considerar a la fuerza interna como un factor decisivo: la movilización, la organización civil y la capacidad de generar rupturas en las estructuras de poder dentro del país son presentadas como condiciones necesarias para aspirar a una transición significativa[4]. Navarro sostiene que depender exclusivamente de la intervención extranjera o de gestos diplomáticos sin impacto real sobre las capacidades del régimen es insuficiente y reitera la necesidad de estrategias internas que combinen presión política, unidad opositora y preparación para disputar el control material del Estado[4].
El autor también advierte sobre los riesgos de subestimar la complejidad del proceso de sustitución del poder chavista: la existencia de actores armados, el clientelismo y la captura de instituciones implican que cualquier plan de transición requiere análisis detallado, coordinación y recursos para evitar vacíos de poder que perpetúen la violencia y el saqueo de recursos[4]. Navarro llama a la reflexión sobre tácticas realistas que no se apoyen en deseos externos, sino en capacidades internas verificables para provocar cambios sostenibles[4].









