Bolivia: Inundaciones Catastróficas Revelan el Fracaso Estatal del MAS

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Bolivia: Inundaciones Catastróficas Revelan el Fracaso Estatal del MAS

Las inundaciones en Bolivia durante la temporada 2024-2025 han sido las peores en 40 años, con lluvias inusualmente intensas que se extendieron de noviembre de 2024 hasta abril de 2025, afectando los nueve departamentos del país. Estas provocaron 59 muertes confirmadas y 10 personas desaparecidas, superando ampliamente los 23 fallecidos reportados en febrero y los 27 en marzo. Hasta mayo, se registraron 662.267 familias afectadas y 285.792 damnificadas, un incremento del 179% respecto a 2024, cuando fueron 601.627 afectadas y 268.088 damnificadas. En total, 948.059 personas sufrieron impactos directos, con 370.000 familias y más de 100.000 desplazados hasta finales de marzo, en un país de 12 millones de habitantes.

El desastre golpeó 305 de los 343 municipios (89%), un salto del 49% desde los 205 de 2024, y 9.672 comunidades, un 159% más que las 3.734 del año anterior. Se declararon 261 municipios en desastre y 26 en emergencia, frente a 114 en desastre en 2024 (aumento del 85% a 211 en 2025). Viviendas dañadas: 9.909, de las cuales 2.457 destruidas por completo. Cinco departamentos en desastre departamental (Beni, Chuquisaca, Oruro, Pando, Tarija), tres en emergencia (La Paz, Potosí, Santa Cruz), y Cochabamba, el cuarto más afectado, sin declarar nada.

La respuesta gubernamental bajo Luis Arce fue tardía: emergencia nacional el 26 de marzo, tras meses de alertas naranjas y rojas del Senamhi desde febrero hasta abril, cuando suelen ser en febrero. Se movilizaron miles de militares para ayuda, pero la infraestructura limitada y la dispersión complicaron la distribución en zonas remotas. Mientras el MAS culpa al cambio climático y fenómenos como El Niño/La Niña, los datos muestran un patrón de desastres crecientes bajo su gestión: en 2021, 212.000 familias afectadas; 2022, sequía extrema en 419.000 familias e incendios en 5,1 millones de hectáreas; 2023, 7 millones de hectáreas quemadas; 2024, 12 millones en Amazonía con desastre nacional; y 2025, inundaciones récord que devastaron la agropecuaria, interrumpieron cadenas de suministro y redujeron productividad laboral. La falta de inversión en infraestructura y prevención, pese a años de control estatal, explica por qué un desastre natural se convierte en tragedia humana evitable: más burocracia, menos resiliencia económica.

Con información de La Derecha Diario

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