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Si bien el Fondo Monetario Internacional (FMI) prescindió de dar estimaciones o proyecciones económicas para Bolivia para 2025 y 2026 en indicadores clave como el crecimiento económico, en informes anteriores destacó que en 2024 y 2025 la deuda pública del país se encontraba alrededor del 90% del PIB.
Recientemente, el Banco Central de Bolivia (BCB) publicó los datos de la deuda externa, cuyo saldo a finales de la gestión 2025 fue de USD 14.131 millones, equivalente al 24,6% del PIB. Si bien este nivel otorga una solvencia relativa, la liquidez y la generación de divisas continúan siendo el principal talón de Aquiles de la economía boliviana.
La historia no termina ahí. La deuda interna, tradicionalmente poco mencionada por los gobiernos de turno, es considerablemente más alta que la deuda externa. Según datos oficiales del BCB, solo la deuda interna del Tesoro General de la Nación (TGN), con el sector público y privado, asciende a USD 33.250 millones, es decir, 2,3 veces más que la deuda externa.
Otros datos relevantes de la deuda interna son los siguientes:
La deuda interna del BCB con el sector privado alcanza los USD 3.912 millones.
El crédito neto del BCB al Sector Público No Financiero (SPNF) asciende a Bs 157.925 millones, equivalentes a USD 23.021 millones al tipo de cambio oficial.
Este escenario está acompañado por una elevada emisión monetaria que, hasta finales de enero de 2026, llegó a Bs 102.932 millones, equivalentes a USD 15.004 millones.
En conjunto, la deuda pública de Bolivia, interna y externa, bordea el 90% del PIB. A esto se suma que, con los financiamientos anunciados por la CAF y el BID, se incorporarán USD 7.600 millones adicionales a partir de 2026, mientras la deuda interna continuará creciendo ante la ausencia de ajustes significativos en el gasto estatal, lo que mantiene al BCB como principal financiador del déficit fiscal.
Tres riesgos puntuales de una deuda pública cercana al 90% del PIB
El primer riesgo es la sostenibilidad fiscal. A estos niveles, el pago de intereses y amortizaciones reduce el espacio para inversión pública en áreas clave como salud, educación e infraestructura, generando rigidez presupuestaria.
El segundo riesgo es el encarecimiento y restricción del financiamiento. Un mayor nivel de deuda incrementa la percepción de riesgo país, elevando costos financieros, acortando plazos y reduciendo el acceso a financiamiento concesional.
El tercer riesgo es la vulnerabilidad cambiaria y de reservas. Con una baja generación de divisas, una deuda elevada presiona las reservas internacionales, incrementa las expectativas de devaluación y afecta la confianza del sector privado.
Peligros de una deuda interna 2,3 veces mayor que la externa
Uno de los principales riesgos es el desplazamiento del crédito al sector productivo, ya que el Estado absorbe el ahorro interno mediante bonos y financiamiento bancario. A ello se suma una mayor dependencia de la emisión monetaria, que deja de ser excepcional y se convierte en estructural. Finalmente, existe un riesgo inflacionario y de dolarización de expectativas, incluso si la inflación se mantiene contenida en el corto plazo.
Medidas económicas puntuales
Para evitar el sobreendeudamiento, se plantea la necesidad de una regla fiscal legal y creíble, la repriorización del gasto público hacia sectores productivos y el fortalecimiento de los ingresos fiscales estructurales.
Para moderar la deuda interna, se recomienda establecer límites claros al financiamiento del BCB al TGN, una gestión activa de pasivos y la sustitución parcial de deuda interna por deuda externa concesional de largo plazo.
Conclusión
Bolivia no enfrenta actualmente una quiebra financiera inmediata, pero sí un serio desafío de sostenibilidad fiscal y liquidez interna. La elevada dependencia de la deuda interna y del financiamiento del BCB constituye una señal de alerta que, de no corregirse, puede derivar en presiones cambiarias, menor crédito productivo y pérdida de confianza en la moneda. La solución no pasa por más endeudamiento ni emisión, sino por disciplina fiscal, reglas claras y una estrategia orientada a generar divisas, inversión y crecimiento real.
POR LUIS FERNANDO ROMERO TORREJÓN. ECONOMISTA, INVESTIGADOR Y DOCENTE UNIVERSITARIO









